Camp de Tarragona

ERC-CUP-JUNTS: UN PAÍS DE TAN SOLO 1’3 MILLONES DE HABITANTES

  • RUBÉN VIÑUALES
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Va acabando su decepcionante intervención el señor Aragonés, dirigida tan solo a 1’3 millones de independentistas. A los demás catalanes y catalanas ni nos nombra.

“Nunca tantos han debido tanto a tan pocos”. Estas celebres palabras de Churchill, referidas a los pilotos británicos durante la batalla de Inglaterra, el independentismo catalán las ha convertido en “nunca tan pocos se han atribuido hablar en nombre de tantos”.

Eso pensaba el viernes mientras escuchaba a los dirigentes independentistas perorar sobre la “majoria independentista aclaparadora sorgida de les urnes el 14-F”. Si algún marciano llegara a Catalunya y escuchara las intervenciones del señor Aragonés, del señor Batet o de la gente de la CUP concluiría que, poco menos, que en Catalunya hay un bloque unánime que quiere la independencia o sí o sí o también, y que se va a dormir cada día soñando con un referéndum para validar la secesión.

¿Es realmente así? Veamos, en Catalunya somos más de 7’5 millones de catalanes y catalanas. De estos, más de 5’4 millones tenemos derecho al voto. Bien, ¿Cuántos votos han obtenido los independentistas de ERC-CUP-Junts en estas últimas elecciones? ¿Tres millones, cuatro millones? No, amigos y amigas. ¿Dos millones, como en las últimas elecciones autonómicas? Tampoco. ERC, Junts y CUP han logrado tan solo 1’3 millones de votos, con la suma de los tres partidos perdiendo más de 700.000 sufragios en relación al 2017 (solo ERC ha perdido más de 300.000 votos). Sumando este resultado a los votos del PDeCAT, Primàries, el PNC y el que pasaba por allá rascan los 1’4 millones de votos. 1’4 millones de independentistas en un país de más de 7’5 millones de habitantes.

Claro, si las matemáticas no son una cuestión de opinión podemos concluir que en estos momentos hay en Catalunya 1’4 millones de ciudadanos que votan a partidos independentistas… y 4 millones de catalanes y catalanas con derecho al sufragio que no votamos a los partidos independentistas. Quien quiere ver aquí un “mandat democràtic per impulsar un nou embat contra l’Estat”, es decir un nuevo desastre, es porque se engaña, engaña a los demás o –posiblemente- las dos cosas a la vez. Literalmente.

Pero la maquina propagandística –política y mediática- del independentismo ha traducido esto en “cada cop tenim més vots”, “som més del 50%” –observad que la consigna “som més de dos milions” ha desaparecido por razones obvias-, o “hi ha més independentistes que mai”. 1’4 millones son más que 4 millones (parece una novela de Orwell pero es la forma de razonar del señor Aragonés).

Hablan de “fer un país de tots” pero inmediatamente después excluyen a todos los partidos catalanes no nacionalistas de los acuerdos de gobierno (sí amigos de los Comunes y de Podemos, a todos a vosotros también). Dicen que esto “és un problema entre Catalunya i Espanya” pero obvian que el voto independentista tan solo representa al 26% del censo catalán. ¿Y el 74% restante? ¿No contamos, no somos catalanes? Y así todo.

Esa obsesión de los dirigentes independentistas de confundir la parte (sus partidarios) con el todo (el pueblo de Catalunya) está en la base de su fracaso político y de los planes secretos que anuncian paraísos inmediatos a bajo coste pero que acaban de la peor manera.

Lo cierto es que solo hay que ver el Parlament acabado de constituir para constatar que la sociedad catalana es extraordinariamente plural, con infinidad de matices en su interior. Hay hasta ocho fuerzas políticas representadas (es el Parlamento de las 17 comunidades autónomas españolas con mayor número de partidos). La fuerza política más votada, el PSC, tiene el 23% de los votos, mientras que hasta cinco partidos obtienen menos del 10% de los sufragios. Cada uno con su programa, su ideario y sus prioridades. ¿Dónde está aquí esta “majoria aclaparadora del 80%”?

Va acabando su decepcionante intervención el señor Aragonés, dirigida tan solo a 1’3 millones de independentistas. A los demás catalanes y catalanas ni nos nombra. No quiere ser el president del pueblo de Catalunya, quiere ser el president de los independentistas. Este desprecio de la pluralidad del país me evoca a la figura del president Tarradellas, este sí un president de tots i totes, cuando decía: “la realidad tan solo se puede cambiar desde el análisis de la realidad y desde el principio de la realidad” y también “Som un sol país. Todos somos el pueblo de Catalunya. Los que nos van a votar, los que no, e incluso aquellos que nos insultan.” Y mientras pienso en la sabiduría política y humana del president Tarradellas mis ojos se encuentran con los de Salvador Illa. Observo su expresión. Estoy convencido que piensa y siente lo mismo que yo.